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El impacto de la luz solar en el sistema inmunológico

Escrito por: Elena Enioutina—Miembro del Consejo de Ciencias Médicas

Con la llegada de los días más soleados muchos aprovechamos para irnos de vacaciones o pasamos los fines de semana al aire libre haciendo senderismo y jugando con los niños, y es justo el momento ideal para pensar en el sol y el impacto que tiene en la piel. Tomando eso en consideración y ya que somos La Compañía del Sistema Inmunológico, queremos adentrarnos un poco más en este tema y contarte cómo es que la luz solar puede afectar al sistema inmunológico de forma positiva o negativa. En realidad, todo depende de la cantidad de luz solar a la que estás expuesto. La luz solar, específicamente la luz ultravioleta que produce el bronceado, estimula la producción natural de vitamina D3 en la piel que favorece la salud ósea y el desarrollo muscular. Un nivel bajo de vitamina D3 puede aumentar el riesgo de fracturas óseas, especialmente en adultos de edad avanzada. Esta vitamina también ayuda a preservar la fuerza de las fibras musculares y contribuye a que los adultos de edad avanzada sean menos propensos a las caídas.

La vitamina D3 regula el sistema inmunológico

¿Sabías que la vitamina D3 puede ayudar a regular el sistema inmunológico?

Una dosis baja de vitamina D3 estimula la producción de IL-4, IL-5 y del factor de crecimiento transformador-beta (TGFb) Estas moléculas son responsables de reparar los tejidos dañados y participan en la producción de anticuerpos protectores presentes en la saliva, y en la mucosidad intestinal y nasal. La vitamina D3 también afecta la función de las células inmunológicas innatas: las células dendríticas y los macrófagos. La inmunidad innata es la primera línea de defensa inmunológica contra las infecciones microbianas. En resumen, ¡la vitamina D3 ayuda a estimular el sistema inmunológico!

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Una dosis baja a moderada de radiación ultravioleta (RUV) respalda la vigilancia inmunológica

Un grupo de científicos reportó que las dosis bajas o moderadas de radiación ultravioleta procedentes del sol aumentan la vigilancia inmunológica,5,6 (con la cual el organismo identifica las células dañinas).

Una dosis moderada o baja de RUV no enrojece la piel después de exponerse al sol sin protección solar. Estas dosis bajas de RUV aumentan el número de células T citotóxicas (células que eliminan las células infectadas), células T colaboradoras (células que respaldan la respuesta inmunológica) y células dendríticas presentadoras de antígeno (células que procesan moléculas y las exponen a las células T). Pero algo aún más importante es que las dosis bajas de radiación disminuyen el número de macrófagos M2, los cuales suprimen la inmunidad óptima. Las dosis moderadas o bajas de radiación UV aumentan las células del sistema inmunológico y su eficacia.

Exposición a la radiación ultravioleta (UV) y el fotoenvejecimiento


Desafortunadamente, la exposición a la luz solar también tiene consecuencias negativas. Las zonas de la piel como las manos y el rostro suelen estar más expuestas a la luz solar y son más propensas al fotoenvejecimiento.7 Las personas que pasan mucho tiempo bajo el sol pueden desarrollar signos de fotoenvejecimiento como resequedad cutánea, manchas oscuras, arrugas y disminución de la elasticidad de la piel. Los factores responsables del fotoenvejecimiento cutáneo son la supresión del sistema inmunológico y la inflamación excesiva. La estructura anatómica de la piel fotoenvejecida cambia: aumenta el grosor epidérmico y se acumulan la elastina distrófica y el colágeno desordenado.

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Conclusión

En resumen, la exposición a la luz solar puede contribuir a producir vitamina D3 de forma natural, la cual respalda los huesos, los músculos y el sistema inmunológico. Las “dosis bajas” de luz solar pueden ayudar a al sistema inmunológico a identificar y eliminar las células dañinas. Pero pasar mucho tiempo bajo el sol podría dañar la piel y suprimir el sistema inmunológico.

Consejos para optimizar la cantidad de vitamina D3 que recibe el cuerpo y reforzar la salud inmunológica:

  • Exponer los brazos, las manos y el rostro al sol aproximadamente de 5 a 30 minutos diarios o dos veces por semana para obtener la dosis recomendada de vitamina D3.8
  • Tomar niveles adecuados de vitamina D3 mediante suplementos. En un estudio reciente realizado en Estados Unidos, casi la mitad de los adultos presentaban deficiencia en los niveles de vitamina D (41.6%).9 Es posible que un médico recomiende complementar la dieta con cápsulas de vitamina D3. La recomendación actual es de 600-800 UI al día

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